Tango y cafetines (y boliches, fondas, cabarets
y peringundines)
“Por los viejos cafetines
siempre rondan los recuerdos…”

Puesto en la perspectiva de
haber sido el refugio donde los sentimientos, los sueños y la fantasía
no encontraron ninguna censura, el cafetín ocupó y ocupa en el
recuerdo una de las vidrieras más importantes en la mitología de
Buenos Aires. Simbolizó algo así como un universo en pequeño, donde su
cielo de humo, el fuego de los puchos y el derrape del alcohol le
otorgaron la escenografía ideal para que los hombres transitaran sus
mesas convertidas por la magia de los sueños en infinitas calles de
sabiduría.
Al igual que el sentimiento, el cafetín no tuvo patria. Por eso, en
alguna medida, reemplazó al país de los hombres que la correntada del
destino arrancó de sus playas de origen para recalar en la nuestra.
Entonces, el cafetín se convirtió en el anfitrión políglota que les
dio lugar en su mortecina geografía para que pudieran entenderse a
través del lenguaje de la nostalgia. Pero su historia no se acota en
esa parcela trazada por el lápiz gris de la inmigración: va mucho más
allá pues sus mesas discretas, confidentes y que nunca preguntan
conocieron las luces y las sombras que suelen circunvalar el alma de
cada hombre.
Las mañanas, tardes y noches del café, independientemente de la
heterogeneidad de sus visitantes, fueron algo así como un iluminado
proscenio donde la vida nunca bajó el telón. Temas como la mujer, la
timba, el deporte, la bohemia, los ideales, el amor, la política, la
infamia, el dolor, la guita, la filosofía, entre el infinito listado
de las demandas humanas, recalaron burda o sabiamente sobre sus mesas.
Pero también prefirieron, tomando los atajos que otorga la libertad,
refugiarse en ese confesionario que fue el estaño, gris como los
dolores o las esperanzas de aquellos que prefieren la compañía de la
soledad.
Por ello, el cafetín se caracterizó por ejercitar naturalmente un
principio social de enorme gravitación en el entramado de la vida: la
pluralidad de la convivencia, la no discriminación cobró en su
geografía un valor excluyente. Personas de las diferentes escalas
sociales y de valores morales e intelectuales antagónicos encontraron
en el cafetín el ámbito y la posibilidad de convivir sin subordinar
sus identidades.
Entre la variedad de sus temas, el tango ha dado cabida a los
cafetines así como a las cantinas, restaurantes, cabarets,
peringundines y bodegones, a veces con sus nombres propios y otras en
forma genérica:
Armenonville
: Juan “Pacho” Maglio compuso el tango instrumental “Armenonville”.
Manuel Jovés (música) y Juan Jove Frontera (letra) crearon
“Armenonville viejo”:
Armenonville
¡Sueño de ayer!
Cuando pienso en tí recuerdo
una mujer.
Sentí el amor de su encanto seductor,
y cuando más la quería ¡Ay!…
se me alejó…
Conjuntamente con el Petit Salón, se
evoca al Armenonville en “Shusheta” (o “El aristócrata”) con letra de
Enrique Cadícamo y música de Juan Carlos Cobián:
Ah,
tiempos del Petit Salón…
Cuánta locura juvenil…
Ah, tiempo de la sección Champán Tangó
del Armenonville…
Cadícamo y Cobián compusieron también
“Rumor de tango” subtitulado “La catanga”:
Aquel jardín
florido del Armenonvil
Con ‘Mamuasel’, Ivette…Pouppe y Margot…
Puro champán francés…
Corría el Pommeri hasta el amanecer…
También en “Diez años pasan”, con letra y
música de José Razzano y Cátulo Castillo:
Cruzas
mis heladas madrugadas, feliz,
rumbo a aquel pasado ya borracho en el gris.
Sueños de porteños en las noches del grill,
lejanas y varias del Armenonville…
También en “Zorro gris”, con letra de
Francisco García Jiménez y música de Rafael Tuegols:
Y tras la
farsa del amor mentido
al alejarte del Armenonville,
era el intenso frío de tu alma
lo que abrigabas con tu zorro gris…
Y en “Margot”, letra de Celedonio Flores
y música de José Ricardo y Carlos Gardel:
Ese
cuerpo que hoy te marca los compases tentadores
del canyengue de algún tango en los brazos de algún gil,
mientras triunfa tu silueta y tu traje de colores,
entre el humo de los puros y el champán de Armenonville…
El Petit y el Julien son evocados también
en “Margot”:
Ahora vas con
los otarios a pasarla de bacana
a un lujoso reservado del Petit o del Julien,
y tu vieja, ¡pobre vieja! lava toda la semana
pa’ poder parar la olla, con pobreza franciscana,
en el triste conventillo alumbrado a kerosén…
El Julien es mencionado en “Uno y uno”,
que lleva letra de Lorenzo Juan Traverso y música de Julio Pollero:
Se acabaron
esos saques
de cincuenta ganadores;
ya no hay tarros de colores
ni almuerzos en el Julien…
Café
La Paloma : Se lo nombra en el recitado del tango “A pan y agua”, con
letra de Enrique Cadícamo y música de Juan Carlos Cobián.:
Café La
Paloma....por tu veredón en las noches brumosas
se pasean las siluetas de Tito (Rocatagliatta), (Eduardo) Arolas y
(Agustín) Bardi.
Desde el pasado remoto, desde el recuerdo,
llegan las notas de aquel pintoresco trío, de aquellos bohemios del
tango…
Al finalizar el recitado de
Angel Vargas, la orquesta de Angel D’Agostino introduce los compases
de “Sentimiento gaucho” de lo que se infiere que Francisco Canaro fue
uno de los miembros de ese trío que integraba con Samuel Castriota y
Vicente Loduca.
Los mismos autores compusieron el tango
“Suburbio” en el que también mencionan a ese café:
El “Café de
la paloma”,
donde (Juan Félix Maglio) Pacho era famoso,
de su bandoneón brumoso
nos trae el viento su emoción…
Han sido dedicados a
este café los tangos instrumentales “La Paloma” de José Guardo, “Café
de La Paloma” de Juan B. Clauso y “Viejo Café La Paloma” de José
Valotta.
Tropezón : Se lo menciona en “Seguí mi
consejo”, con letra de Eduardo Trongé y Juan Fernández y música de
Salvador Merico:
No vayás a
lecherías a pillar café con leche,
morfate tus pucheretes en el viejo Tropezón
y si andás sin medio encima, cantale “¡Fiao!” a algún mozo
en una forma muy digna, pa’ evitarte un papelón…
Y en “Qué querés con ese loro” de Manuel Romero y Enrique Delfino,
letra y música respectivamente:
Y aseguran
los que han visto a tu adorada
meterle al diente cuando está en el Tropezón
que es mejor que convidarla a una morfada
comprarle un traje y un tapado de visón…
También
en “Pucherito de gallina” con letra y música de Roberto Medina:
Cabaret…
“Tropezón”…,
era la eterna rutina.
Pucherito de gallina,
con viejo vino carlón…
Palais de Glace : Con letra y música de
Enrique Cadícamo, dicen los versos de “Palais de Glace”:
Palé' de Glas
del 920,
no existes más con tu cordial ambiente…
Hansen : Se lo cita en “Tiempos viejos”,
con letra de Manuel Romero y música de Francisco Canaro:
¿Te acordás,
hermano, la rubia Mireya,
que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?…
En
“El fueye de Arolas” con letra y másica de Héctor Marcó, se dice:
No ronda en
las noches de Hansen al muelle
con traje a ribete, tacón militar,
más canta en las notas de todos los fueyes
su música en vida, que ríe y que hiere…
su fueye un jilguero que no ha de callar…
Con letra de Carlos Waiss y música de
Arturo De Bassi, se lo menciona en “El caburé” a la par que al
Tambito:
Donde voy me
baten El Caburé
Donde he tallado como taura quedé
Y del “Tambito” a lo de “Hansen”
En cien lances mi cartel jugué…
Lo de Laura, la Vasca y El Tambito : En
“Tiempos viejos” de Manuel Romero (letra) y Francisco Canaro (música)
se recuerda a Lo de Laura:
¿Dónde están
las mujeres aquéllas,
minas fieles de gran corazón,
que en los bailes de Laura peleaban
cada cual defendiendo su amor?…
En
“No aflojés”, con música de Pedro Maffia y Sebastián Piana y letra de
Mario Battistella, se nombra a Lo de Laura conjuntamente con Lo de la
Vasca:
Vos fuiste el
rey del bailongo
en lo de Laura y la Vasca…
¡Había que ver las churrascas
como soñaban tras tuyo!…
Conjuntamente con La Negra Rosa, La Vasca
es citada en “Los disfrazados”, (letra de Carlos Mauricio Pacheco y
música de Antonio Reynoso):
Bailando en
lo de la Vasca
y en lo de la negra Rosa
he marcao las doce en punto
por este corte cantor
de la escuela de mi flor…
En la milonga “En lo de Laura”, con música de Antonio Polito, dicen
los versos de Enrique Cadícamo:
Milonga que
en lo de Laura
bailé con la parda Flora…
Milonga provocadora
que me dio cartel de taura…
Ah… milonga ‘e lo de Laura…
Carlos Pesce le puso letra a la música de
“El porteñito” de Angel Villoldo en el que, además de lo de Laura, se
nombra al Victoria y al Tambito:
En los bailes
del Victoria,
El Tambito y lo de Laura,
me lucí entre los tauras
emulando al Cachafaz (Benito Bianquet)…
Los Inmortales : Este restaurante es
evocado por Leopoldo Díaz Vélez en “La mesa del tango”, a la que le
puso letra y música:
Hay una
larga, profunda nostalgia
en cada palabra, en cada emoción.
Resurge el tiempo de “Los Inmortales”
con (Enrique) Muiño, los (César y Pepe) Ratti, Roberto Casaux…
Tortoni
: Se lo nombra en “Viejo Tortoni” con letra de Héctor Negro y música
de Eladia Blázquez:
Tortoni de
ahora, te habita aquel tiempo.
Historia que vive en tu muda pared.
…….
Viejo Tortoni. Refugio fiel
de la amistad junto al pocillo de café.
…….
Viejo Tortoni. En tu color
están Quinquela (Martín) y el poema de (Raúl González) Tuñón
…….
Tortoni de ahora, tan joven y antiguo,
con algo de templo, de posta y de bar…
Del Priorato y del Trinchieri : Se lo
menciona en la milonga “El morocho y el oriental” (letra de Enrique
Cadícamo y música de Angel D’Agostino):
Histórico
bodegón
Del Priorato y del Trinchieri,
donde una noche Cafieri
entró a copar la reunión…
El Galeón : Con letra y música de María
Elena Walsh se lo recuerda en “El 45”:
Te acordás,
hermana, de aquellos cadetes…
el primer bolero y el té en El Galeón,
cuando los domingos la lluvia traía
la voz de Bing Crosby y un verso de amor…
Royal
Pigalle : Con música de Francisco Pracánico, lo cita Esteban Celedonio
Flores en “Corrientes y Esmeralda”:
El Odeón se
manda la Real Academia
rebotando tangos el Royal Pigall,
y se juega el resto la doliente anemia
que espera el tranvía para su arrabal…
También se lo menciona en “Galleguita”, letra de Alfredo Navarrine con
música de Horacio Pettorossi:
Eras linda
galleguita
y tras la primera cita
fuiste a parar al Pigall…
En “Carnaval de antaño” de Manuel Romero
(letra) y Sebastián Piana (música) se menciona al Pigalle y al
Rodríguez Peña:
¿Te acordás
del carnaval de 1912,
que tallaba en el Pigall la patota de los Posse?
¿Te acordás
de aquel festín en aquel peringundín,
allá por Rodríguez Peña, que acabó con botiquín?…
Además
en “Tango de ayer” cuya letra y música le pertenecen a Enrique
Cadícamo:
El cabaret
Royal Pigalle
champán-tangó tan lujoso,
tango de ayer te han cambiado la piel
lo más puro fue aquel que se fue…
Conjuntamente con El Tambito y el Petit,
el Pigall es mencionado en la letra de Manuel Romero en “Tiempos
nuevos”, a la que musicalizó Edgardo Donato:
Suspiran por
las minas del Tambito y del Pigall,
y cuando están mamaos es da por recordar:
Hermanos, aquellos tiempos que pasaron, ¿te acordás
la noche que rompí un espejo en el Petit?…
Café de los Angelitos : Lo evoca Cátulo
Castillo, con música de José Razzano:
¡Café de los
Angelitos!
¡Bar de Gabino (Ezeiza) y (Higinio) Cazón!
Yo te alegré con mis gritos
en los tiempos de Carlitos
por Rivadavia y Rincón…
El Trianón : Con música de Luis Visca,
dicen los versos de Enrique Cadícamo en “Muñeca brava”:
¡Sos del
Trianón…
del Trianón de Villa Crespo…
Milonguerita, juguete de ocasión…
Café La Humedad : Con música y letra de
Cacho Castaña se lo menciona en el tango homónimo:
Café La
Humedad, billar y reunión…
Sábado con trampas… ¡Qué linda función!
Yo solamente necesito agradecerte
la enseñanza de tus noches
que me alejan de la muerte.
Café La Humedad, billar y reunión…
Sábado con trampas… ¡Qué linda función!
Yo simplemente te agradezco las poesías
que la escuela de tus noche
le enseñaron a mis días…
Bachín : Astor Piazzolla le puso música
de vals a la letra “Chiquilín de Bachín” de Horacio Ferrer:
Por las
noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín…
Chantecler
: Con letra de Luis Rubistein y música de Luis Moresco se dice en “Por
mishé”:
Corrieron el
“bolo” de que sos mishé
y que del Chantecler dos minas mantenés
que tenés “toven” para poder vivir sin laburar…
Enrique Cadícamo le puso letra y música a
“Adiós Chantecler”:
Hoy ni ella
(Madame Ricana) está más en la sala,
ni tampoco entro yo al cabaret,
se vinieron abajo tus galas
bullanguero y cordial Chantecler…
…….
Ya no queda nada y aquello no existe,
ni tus bailarines ni tu varieté.
Te veo muy triste pasar silencioso,
Principe Cubano, frente al Chantecler…
En “Niño bien”, Juan Antonio Collazo le
dio música a los versos de Víctor Soliño y Roberto Fontaina:
Porque usás
la corbata carmín
y allá en el Chantecler
la vas de bailarín,
y te mandás la biaba de gomina,
te creés que sos un rana
y sos un pobre gil…
En ese tango se menciona también al Petit
Bar:
Niño bien,
pretencioso y engrupido,
que tenés berretín de figurar;
niño bien que llevás dos apellidos
y que usás de escritorio el Petit Bar…
Refieriéndose probablemente a un
peringundín homónimo se menciona al Chantecler en la milonga “La
toalla mojada”, que lleva letra y música de Edmundo Rivero:
En un
ambiente turbio de nocheras,
cerca de la cañada
había una milonga, El Chantecler, alias Toalla Mojada.
…….
Por eso me gustaba la milonga
de la Toalla Mojada,
porque estaba el ambiente que yo quiero
y el macho Aldo Saravia,
que le fajó hasta el nombre al Chantecler
con su toalla mojada…
Tabarís : Se lo nombra en “Roñita”, con
letra de Enrique Cadícamo y música de Italo Goyeche:
Ya sé que la
vas con cena
de noche en el Tabarís
entre tango y copetines soñás
hacerte un viaje a París.
Sin pensar sólo un momento que vas
a parar en el Muñiz…
También en “Che Bartolo” con letra de
Enrique Cadícamo y música de Rodolfo Sciammarella:
Che, bacán de
rango mishio, te diré que algo me alegra,
relojearte entre la mersa que la va de Tabarís.
A vos te llaman los giles el marqués de Boccanegra
como a mí me baten “Chorro”, “El herrero” o “El perdiz”…
Y además, con letra de Carlos Lenzi y
música de Ramón Collazo, en “Araca París”:
¿Qué hacés en
Buenos Aires? ¡No seas otario!
Amurá esas milongas del Tabarís…
Con tres cortes de tango sos millonario…
¡Morocho y argentino! ¡Rey de París!…
T.V.O. : Enrique Cadícamo le rinde
homenaje en dos tangos: “Pasado florido” y en “Orgullo tanguero”, éste
con música de Luis Stazo donde menciona además al Palais de Glace y al
Armenonville:
Yo me acuerdo
del T.V.O., de la calle Montes de Oca,
de un café que había en La Boca, donde Arolas empezó.
Y de Andrade, buen amigo, que en un baile lo mataron…
¡Esas cosas ya pasaron pero tienen su emoción!…
Tango mío… Tango reo…
del T.V.O., del Palais y Armenonville.
Tu perfume tan lejano de recuerdos
se hace llanto en la armonía del violín.
¡Tango mío… Tango reo…
¡Qué será de aquel amor que ya perdí!…
Rodríguez Peña : Con música de Vicente
Greco y letra de Juan y Rafael Velich se lo recuerda en el tango
homónimo:
En Rodríguez
Peña, templo bravo, espiritual,
en la transmutación del lindo tiempo aquel
ha perdido de las paicas en tanguera sensual
y el taitaje que brilló en él…
Carlos Lenzi (letra) y Juan Baüer
(música) lo evocan en “Adiós arrabal”:
El baile
“Rodríguez Peña”
el Mocho y el Cachafaz
de la milonga porteña
que nunca más volverá…
Canadian : Lo rememora el tango compuesto
por Carlos Lazari, Eduardo del Pino y Santiago E. Correa:
El tiempo se
llevó los paredones
del cruce de Boedo con San Juan,
sus vías las taparon con asfalto
y allí quedó tan sólo el viejo bar
Esquina de Homero, esquina de tango,
Malena soñando en el Canadian,
bebiendo de un sorbo nostalgias lejanas
de aquel organito moliendo su vals…
Dante : José Golver y Julio Bocazi
compusieron el tango “Café Dante” cuyos versos dicen:
Café Dante de
Boedo, el café de San Lorenzo
es un pedazo de historia de aquel barrio que se fue.
Te espero en el café Dante,
era un dicho popular
porque por todo Boedo
era el más lindo lugar…
Se menciona a ese café en el tango “El
Ciclón” de Ayico y Pipo (letra) y Anselmo Aieta (música):
Saraca
muchachos, sigamos la farra
porque San Lorenzo el domingo ganó,
la barra del Dante se vistió de gala
festejando el vino que a Atlanta le dio…
También en “Yo, fui de Boedo” de Julio
Camiloni, Dante Gilardoni y Alberto Rabal:
Yo, fui de
Boedo… Sí de Boedo
-de la vereda de la locura-
que transitaron con su lirismo
Castelnuovo, Barleta y los Tuñón…
Vuelvo al viejo café, el viejo Dante
semillero de poetas y pintores
y hay cien nombres soñadores
en la memoria de mi corazón…
En los depredadores tiempos que
corren, el cafetín, tanto en su estructura edilicia como en las
costumbres de la gente, es una gota de alcohol en las heridas del
recuerdo. Se perdieron los pilares que lo sostenían: de la nostalgia
del inmigrante pasamos al dolor de la emigración; la ansiosa y devota
espera futbolera y turfística de los domingos ha sido reemplazada por
la desteñida rutina del acostumbramiento porque ahora hay fútbol y
carreras todos los días.
El cafetín, casi seguro, no escapará a nuestra patológica tragedia de
olvidar la memoria, pero subsistirá en el archivo del tiempo como una
escuela de vida donde al repiqueteo de los dados, el orejeo de los
naipes y los catedráticos sermones de sabihondosy suicidas muchas
generaciones aprendieron el más hermoso y difícil de los oficios: el
oficio de vivir.
Carlos T. Grillo y
Carlos A. Manus
Noviembre 20, 2004